Una costumbre, una tradición y motivo de orgullo para exhibir de varias naciones, el mate es una infusión propia de sudamérica, que consiste en beber agua de un recipiente donde se coloca la yerba mate. Esta acción se hace a través de una bombilla y según el sitio donde se beba, puede tener leves diferencias.

Con palo o sin palo, dulce o amargo, frío o caliente, en recipiente metálico, de madera, de calabaza o de otro material. Varias son las diferencias en el consumo del mate según el país o región, pero su importancia en desayunos, meriendas o reuniones siempre está garantizada.

Si bien son varios los países donde se consume la yerba mate -se puede encontrar además de Argentina, Uruguay y Paraguay, en el sur de Brasil, sureste de Bolivia y sur de Chile, entre otros-, son tres la naciones que poseen un un mayor volumen de producción por sobre el resto. Argentina produce entre el 44 y el 62% del total de yerba mate del mundo, mientras que Brasil lo hace entre un 30 y 32% y Paraguay en un 5%. Uruguay, por su parte, es el país con el promedio de consumo por habitante más alto del mundo, ya que se estima en 8 kilos por persona en un año.

Así, mientras Argentina se exhibe ante el mundo como el mayor productor y los uruguayos como los consumidores más apasionados, en Paraguay dicen orgullosamente que son la tierra donde todo se originó. Es que la yerba mate -su nombre científico es Ilex paraguariensis- era consumida desde tiempos ancestrales por los indígenas guaraníes y otros pueblos que habitaban mayormente en la zona de lo que hoy es Paraguay. Recogían la hojas de este árbol, que luego mascaban y las utilizaban para preparar infusiones. Con la llegada de los conquistadores españoles hubo una época donde se prohibió su tenencia, consumo y comercialización. Pero con la llegada de los misioneros jesuítas, el cultivo y el uso de la yerba mate volvió a tomar vigencia.

Desarrollaron técnicas que permitieron su cultivo a grandes escalas, lo que permitió convertir a la producción de yerba mate en una fuente de ingresos económicos para las misiones. Y hasta lograron expandir la presencia de la yerba en otras geografías, como en los actuales territorios de Brasil y Chile. Al ser expulsados los jesuitas de la zona, se fueron perdiendo las plantaciones y también las técnicas desarrolladas, por lo que la producción cayó significativamente. 

A fines del siglo XIX, un paisajista franco-argentino de apellido Thays -quien también diseñó los bosques de Palermo en Buenos Aires- se dedicó a estudiar la germinación de las semillas de la yerba mate hasta que logró hacer crecer a esta especie. Thays recibió el apoyo del gobierno argentino para divulgar sus conocimientos, lo que favoreció el desarrollo de plantaciones en el norte del país. Esto probablemente haya sido el puntapié que lanzó a la Argentina a ubicarse como el mayor productor mundial de la yerba mate.

En Paraguay, además de la clásica utilización de la yerba mate para tomar “mate”, se preparan otro tipo de infusiones muy populares -incluso más que el mate como se lo bebe en Argentina y Uruguay-, como son el mate cocido quemado y el tereré -con agua helada mezclada con yuyos medicinales-. Además, en los últimos tiempos, su utilización se ha ampliado a sectores hasta hace unas décadas impensados para este producto. Su importantes beneficios para la salud hace que siga siendo investigada por la industria farmacéutica, en la cosmética pueden verse fabricaciones de cremas y perfumes. En la gastronomía también ha evolucionado su uso: existen cervezas y hasta helados con sabor a yerba mate.